LA EVALUACIÓN COMO ESTRATEGIA PARA LA TRANSFORMACIÓN DE LA COORDINACIÓN GENERAL DE INVESTIGACIÓN Y POSTGRADO DE LA UNEG

Prof. Lucy Núñez
Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG)
Puerto Ordaz-Venezuela

RESUMEN

El trabajo presenta un estudio evaluativo realizado a la Coordinación General de Investigación y Postgrado de la UNEG, la cual es una unidad organizativa encargada de: administrar con calidad y pertinencia la producción y difusión de la investigación en la Universidad, y desarrollar Estudios de Postgrado dirigidos a elevar el nivel académico de los egresados del subsistema de Educación Superior, y de la formación de investigadores, considerando la demanda del país para su desarrollo sustentable.

El estudio se fundamentó en los siguientes supuestos: a) El que las instituciones, como los servicios sociales, aunque inicialmente pueden haber funcionado exitosamente, con el tiempo dejan de ser eficaces cuando cambian las circunstancias sociales, b) Las universidades son organizaciones complejas, lo que por sí solo justifica el disponer de información confiable y sistemática que oriente la toma de decisiones en la dirección de la transformación deseada y c) La evaluación es una estrategia por medio de la cual se puede obtener información sistemática y confiable que puede guiar el proceso de transformación que se pretenda realizar una institución.

Las bases teóricas que orientaron esta evaluación fueron: las concepciones de Evaluación Formativa Criterial (Ruiz, 1999), de Evaluación para la Toma de Decisiones (Stufflebeam y Shinkfield, 1993) y el concepto de valores en la organización (Katz y Khan, 1981; Bueno, 1986 y Harrington, 1996).

El presente estudio se caracterizó por ser una investigación de campo de tipo descriptivo, enfocada como un estudio de caso, donde se tomaron tres criterios o descriptores ideales para orientar la evaluación, en consideración al consenso generado en comunidades académicas: calidad académica, pertinencia social e institucional y viabilidad administrativa. Los datos fueron extraídos utilizando diferentes técnicas: análisis de documentos, observación participante, entrevistas y cuestionario.

Estos datos fueron cuantificados y analizados cualitativamente, de lo que se pudo obtener suficiente información relativa a los criterios de pertinencia, calidad académica y viabilidad administrativa de los Centros de Investigación y de los Programas de Postgrados existentes para entonces en la Coordinación General de Investigación y Postgrado, y fueron concluyentes sobre los supuestos asumidos por cuanto en los últimos años había descendido sustancialmente la demanda de los postgrados, se evidenció una total desarticulación entre los Centros de Investigación y los Programas de Postgrado que estaba generando una baja productividad en el número de sus egresados, por falta de planta de docentes investigadores que prestara sus servicios en los Postgrados. Esto implicó un proceso de transformación de la Coordinación General, de sus proyectos y programas, en el cual la toma de decisiones se fundamentó en los hallazgos obtenidos de la evaluación.

INTRODUCCIÓN

Desde sus orígenes, la universidad ha sido la máxima expresión del Sistema de Educación Superior a quien ha correspondido preservar la herencia cultural de conocimientos generados, transmitir estos conocimientos a través de la enseñanza, producirlos y aplicarlos, contribuyendo a elevar el desarrollo socioeconómico de la nación.

Pensar la universidad desde ideales de excelencia, obliga a pensar también en procesos continuos de evaluaciones académicas que permitan a estas instituciones conocer desde ellas mismas cuáles son sus debilidades y fortalezas, con criterios y objetivos construidos por sus propios actores, más allá de parámetros externos que sólo pretenden establecer comparaciones entre ellas mismas.

La sociedad ha exigido a las universidades evaluar su propia acción, no es nuevo ni desconocido en el contexto internacional (UNESCO, 1995), latinoamericano (Brunner, 1991; Brunner, 1994 y García Guadilla, 1996) y nacional (García Guadilla, 1998; Castellano, 2000; Villarroel, 2001) cómo esta problemática ha sido ampliamente discutida, de forma tal que: se rescate la legitimidad de la universidad como formadora de profesionales calificados al más alto nivel académico y que ellos puedan ser asimilados para el desarrollo del país; como instituciones generadoras de conocimientos que posibiliten la solución a muchos de los problemas que confrontan los diferentes países; pero además, la sociedad espera que las universidades sean capaces de garantizar su propia eficacia y eficiencia tanto de sus procesos académicos como administrativos.

En Venezuela, el debate de la transformación universitaria es un tema que se viene abordando desde diferentes sectores y con enfoques divergentes y, por supuesto, contando con la participación de muchos actores que ocupan posiciones determinantes en la toma de decisiones que define el rumbo y orientación de los cambios por venir.

En un esquema de gestión que se espera sea exitoso, la toma de decisiones y la evaluación forman parte de un proceso que, conjuntamente con las metas y objetivos a lograr, posibilitan la realización de acciones coherentes hacia la consecución de la misión de la Universidad.

Gestionar el cambio en estas instituciones no es tarea fácil, ya que implica vencer las dificultades de la resistencia que inevitablemente surge al tratar de introducirse cualquier innovación; por ello reviste importancia la evaluación, pues este proceso muestra las carencias y debilidades que posee la universidad y las estrategias de desarrollo institucional que son necesarias implantar, funcionando como un mecanismo que facilita el proceso de transformación. Por ello, la evaluación está inmersa en lo que se conoce como estrategia de cambio.

Eliot (1977), Mac Donald (1978) y Simons (1981), sostienen que hay un consenso general en pensar en que la evaluación es probablemente el mejor camino o al menos el primer paso para promover cambios en las personas o en las instituciones (Ruiz, 1999).

Desde esta óptica y en el marco de los antecedentes expuestos, la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), a través de su dirección institucional se planteó la meta de la autotransformación. Una transformación que apunta al fortalecimiento académico y modernización de sus mecanismos académicos y administrativos, para que responda al mismo ritmo de las organizaciones eficientes.

Este proceso de transformación se inició con la evaluación a la Coordinación General de Investigación y Postgrado (Acosta, Aldao, García, Latuff y Núñez, 2001), como unidad organizativa que le corresponde administrar con calidad y pertinencia la producción y difusión de la investigación en la universidad, y desarrollar Estudios de Postgrado dirigidos a elevar el nivel académico de los egresados del subsistema de Educación Superior, y de la formación de investigadores, considerando las demandas del país para su desarrollo sustentable.

Se intenta con este trabajo develar la importancia de la evaluación para la transformación universitaria, sobre la base de un trabajo sistemático, que sin dejar de lado los cánones establecidos para las investigaciones evaluativas, fue lo suficientemente flexible como para efectuar cambios graduales en la medida que avanzaba el proceso de evaluación.

LA EVALUACIÓN PARA LA TOMA DE DECISIONES

Aunque la literatura ofrece interpretaciones muy variadas sobre la naturaleza, finalidad, áreas a evaluar, actores principales y mecanismos propios de la evaluación, para el caso que se plantea se adoptaron los siguientes conceptos tomados de la Evaluación Educativa:

Evaluación para la adopción de decisiones, de Stufflebeam y Shinkfield (1993), la cual es concebida como un estudio basado en valores sobre la situación a considerar como objeto de evaluación de modo que se pueda orientar la toma de decisiones. En esta concepción el rol del evaluador es el de proporcionar información útil a quienes corresponda tomar decisiones a fin de que las actividades se realicen de la forma más racional. Desde este enfoque la validez está en función de la utilidad que tenga la información recabada para quienes corresponda tomar las decisiones y la toma de decisiones se define como las actividades que entran en juego para encontrar e instrumentar un curso de acción, el cual es un amplio proceso del cual forma parte la evaluación quien ofrece el diagnóstico de la situación evaluada y sobre esta información elegir soluciones alternativas, instrumentarlas y hacerles seguimiento (Huber, 1996).

Evaluación Formativa-Criterial, cuya intencionalidad es identificar debilidades, necesidades, incongruencias y avances logrados, es aquella basada en criterios e indicadores que constituyen descripciones ideales de un factor o variable (Ruiz, 1999).

Evaluación interna, determinada por el agente que la lleva a cabo, que en este caso corresponde a los propios implicados de la institución o centro educativo evaluado “quienes sienten la necesidad de la evaluación y se encargan de realizarla” (Ruiz, 1999: 281).

Toda evaluación con carácter formativo tiene la intencionalidad de mejora, de perfeccionamiento orientado por los referentes o valores asociados al “deber ser” del objeto de la evaluación, sobre los cuales se orienta la toma de decisiones.

VALORES CRITERIOS ASOCIADOS A LAS ORGANIZACIONES UNIVERSITARIAS

En la conferencia regional sobre políticas y estrategias para la transformación de la educación superior en América Latina y el Caribe, efectuado en La Habana en el año 1996, se definió la calidad de la Universidad como la “adecuación del ser y el quehacer de la educación superior a su deber ser” (UNESCO-CRESALC, 1986: 9).

Sobre “el deber ser” han convergido en opinión varios autores como Brunner (1997), Letelier (1997) y Tunnermann (1999) y ellas coinciden en señalar que las universidades deben ser: pertinentes socialmente, poseer calidad académica y ser viables organizativamente. Estas cualidades o valores asociados a las universidades constituyen los “estándares de referencia para juzgar como aceptable o inaceptable las conductas y actividades de esa organización” (Katz y Khan,1981 y Bueno, 1996).

En diversos ambientes académicos se han delineado definiciones generales alrededor de estos valores o criterios señalados:

1. Pertinencia: refiere el grado de coherencia entre los resultados de un proceso y las expectativas de los actores en él comprometidos. La universidad situada en “el deber ser”, es aquella donde se desarrollan vínculos de relación, de aceptación y compromiso entre los actores de la propia institución y donde además se produce un acercamiento entre los distintos sectores de la sociedad, impactando en esas comunidades mediante propuestas creativas orientadas solidariamente a la solución de sus problemas.

2. Calidad Académica: refleja los atributos deseables para la formación de profesionales y la producción y difusión de conocimientos (CNU, CCNP, 1993). Estos atributos están muy asociados al criterio anterior ya que cuando el Consejo Consultivo Nacional de Postgrado (CCNP) establece los requisitos fundamentales para acreditar un programa de postgrado considera entre sus exigencias la pertinencia social de ese programa.

3. Viabilidad Organizativa: caracterizada por la existencia de estructuras que abarquen procesos de planificación estratégica, organización, dirección y control del adecuado funcionamiento de las unidades de personal, finanzas, abastecimiento, producción, mercadeo y apoyo general (UNA, 1983).

METODOLOGÍA EMPLEADA EN LA EVALUACIÓN

La determinación de la forma adecuada para evaluar la Coordinación General de Investigación y Postgrado, tomó en consideración que el estudio arrojara información suficiente y confiable sobre el estado en que se encontraban los programas y proyectos académicos y los procesos organizacionales y administrativos de la Coordinación General.

Se abordó el proceso como una Investigación Evaluativa (Weiss, 1998), enfocada como un Estudio de Caso, por ser una modalidad de investigación cuyo universo de investigación está definido por la unidad social a tomar, sobre la cual se lleva a cabo la descripción de una situación en la que se pone en relieve la necesidad de tomar decisiones para mantener o cambiar la situación que se describe (Pérez, 1973). Esta metodología permitió además superar la dificultad de aplicar estudios experimentales, cuya rigidez podía haber impedido la posibilidad de retomar situaciones e indagar suficientemente como se hizo, en un marco limitado de tiempo, espacio y recursos.

En cuanto a la validez y confiabilidad del estudio, se garantizó a través de la selección de la información a ser recabada, mediante criterios utilitarios, en función de satisfacer los requerimientos de los interesados en tomar decisiones (Eliot, 1981; en Pérez, 1985); además, se tomó en consideración las recomendaciones de Ruiz (1999) para este tipo de estudios, que sugiere que los agentes evaluadores deben ser personas comprometidas con los cambios o mejoras que se consideren necesarios implantar como resultados de la evaluación.

Basados en los supuestos señalados, se definieron:

Los componentes de la evaluación: la unidad de análisis (Coordinación General de Investigación y Postgrado), los agentes evaluadores (directivos de la institución, entre los cuales estaba incluida la Coordinadora General de Investigación y Postgrado) y los usuarios o interesados de los resultados de la evaluación (directivos de la institución y personal académico, administrativo y obrero que prestaba sus servicios en los programas y proyectos de la Coordinación General de Investigación y Postgrado).

Los criterios empleados en consideración a los valores asociados con el “deber ser” de la universidad: Pertinencia (Interna y Externa), Calidad (existencia de Líneas de Investigación en desarrollo, personal docente y de investigación formado, Bibliotecas y Centros de Información y Documentación, Planta física, Eficacia y Productividad) y Viabilidad Administrativa (Existencia, cumplimiento y pertinencia de políticas relacionadas con la planificación, organización, dirección, control y apoyo financiero).

El procedimiento consistió en el desarrollo de cuatro etapas o fases (Martínez, 1997): la Autoevaluación (informe presentado por los actores responsables de los programas y proyectos donde describieron el estado de los programas y proyectos bajo su responsabilidad, sobre aspectos previamente considerados de utilidad para la toma de decisiones), la Evaluación Externa (descripción de los programas, proyectos y procesos, por los evaluadores, empleando técnicas etnográficas como la observación participante, entrevistas y cuestionarios), la Elaboración del Informe Final (publicación de la investigación evaluativa culminada) y la Comunicación de los Resultados (presentación al Consejo Universitario y al personal académico, administrativo y obrero que prestaba sus servicios en los programas y proyectos de la Coordinación General de Investigación y Postgrado).

Se delimitó la evaluación a la gestión que se realizó los últimos cuatro años, con excepción de la Planificación Operativa y la Ejecución Presupuestaria, sobre la cual sólo se pudo obtener información sobre el último año.

RESULTADOS DEL ANÁLISIS DE LOS DATOS Y EXPLICACIONES

Debido a la selección y tratamiento de los datos (información recabada) se pudieron analizar algunos aspectos de manera global e identificar los problemas más abarcantes en cada criterio. En este orden la investigación evaluativa arrojó que el problema que más afectaba la Calidad Académica de los Estudios de Postgrado en la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG) era la desarticulación existente en ese entonces, entre los Centros de Investigación y los Estudios de Postgrado. Este divorcio entre la docencia y la investigación en el postgrado obedecía a la errada concepción de diferenciar en la práctica las funciones que debe cumplir el profesor universitario para el reconocimiento administrativo de las horas de desempeño académico, como también de una concepción escolarizada del postgrado.

La desarticulación entre la investigación y el postgrado incidía negativamente en la calidad académica de los programas de postgrado, fundamentalmente en factores tan importantes como: la planta profesoral, las líneas de investigación y la productividad de egresados de los postgrados. Por la estrecha relación existente entre la calidad académica y la pertinencia social ésta última también era afectada negativamente ya que la evaluación arrojó que la demanda sobre la oferta de cupos ofrecidos había disminuido en un cuarenta por ciento en los últimos cuatro años.

Contrario a lo que venía ocurriendo a nivel de postgrado, la investigación presentó una elevada pertinencia social, siendo variable esta pertinencia a nivel regional, nacional e internacional. Esta diferencia entre la pertinencia social encontrada entre la investigación y el postgrado ratifica en este estudio que la investigación es la acción sobre la cual debe fundamentarse la docencia para asegurar la pertinencia del conocimiento transmitido y, por tanto, asegurar la formación de profesionales que una vez egresados del Sistema de Educación Superior puedan insertarse en el aparato productivo. El ejercicio de la docencia como repetición de conocimiento en los Estudios de Postgrado estaba llevando a la universidad a un enclaustramiento que anuló el posicionamiento académico, que mantuvo regionalmente durante la primera década en que se iniciaron los estudios de postgrado.

La política financiera de la universidad condicionada por el acrecentado déficit presupuestario que el Estado otorga a las instituciones de educación superior, aunado a una estructura administrativa centralizada propia de la mayoría de las universidades, impedía el manejo oportuno de los recursos asignados a la Coordinación General de Investigación y Postgrado, afectando negativamente la eficacia de la metas planificadas, tanto a nivel de postgrado, de la investigación, como de la propia Coordinación General. El problema de la administración financiera también había incidido en desmejoras de la planta física, el equipamiento de los laboratorios, dotación de los centros de investigación, dotación de la biblioteca y en escaso soporte tecnológico existente en ese entonces, para la investigación.

La falta de políticas claras que definieran las preferencias institucionales para la creación de postgrados o centros de investigación, necesarias para el desarrollo institucional, trajo como consecuencia que algunos programas y centros fueran creados respondiendo a iniciativas personales, razón por la cual muchos de ellos plantean aún dificultades de articularse internamente (baja pertinencia institucional), otros están por desaparecer al no contar con la plataforma necesaria para funcionar y ser competitivos regionalmente (escaso personal académico formado en el área) o también se dio el caso que culminada la evaluación, algunos proyectos debieron ser inmediatamente suspendidos.

LA ORIENTACIÓN DE LOS CAMBIOS

A pesar de lo complejo que resulta la reestructuración universitaria, por las razones expuestas en los análisis iniciales de este trabajo, actualmente se han adelantado algunos cambios orientados por las informaciones obtenidas de la evaluación, los cuales se citan a continuación:

  • Revalorizar la investigación y elevar la pertinencia social de las mismas, estableciendo conjuntamente con el personal académico las Líneas de Investigación Institucional, insertadas en redes de problemas tomados en consideración a las necesidades de desarrollo regional y nacional.

  • Articular la estructura académica, vinculando los centros de investigación a los programas de postgrado, a través de las Líneas de Investigación. Este proceso se llevó a cabo tomando las Líneas de Investigaciones en desarrollo de los centros de investigación como las organizadas en talleres desarrollados para estos fines, para el rediseño de los programas de postgrado y para la creación de las nuevas ofertas, garantizando también de este modo la pertinencia social e institucional de los programas de postgrado, planta profesoral calificada para el desarrollo curricular de los mismos y la existencia de tutores (docentes investigadores) que garantice la productividad de los egresados; al incorporar los docentes investigadores de los centros de investigación a la planta profesoral de postgrado.

  • Crear políticas orientadas a garantizar la estabilidad de un núcleo permanente y con suficiente dedicación de profesores idóneos para el postgrado.

  • Incorporar nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza-aprendizaje y modernización de la plataforma tecnológica necesaria para la producción de la investigación y la dotación de laboratorios y biblioteca.

Modernizar la obsoleta y rígida estructura administrativa, creando mecanismos administrativos descentralizados, más eficientes, con un uso racional de los recursos partiendo de la planificación presupuestaria realizada para el logro de las metas establecidas. Estimular la diversificación de las fuentes de financiamiento y el establecimiento de procedimientos que garanticen la práctica de una política de ingresos propios que atienda fundamentalmente el desarrollo de los centros de investigación.

CONCLUSIONES

Como institución social, la universidad se enfrenta al impacto de un mundo cambiante que le exige poner en práctica su capacidad adaptativa, para garantizar la legitimidad de la misión que debe cumplir.

Toda adaptación exige cambios, y a su vez ellos pueden tener un doble efecto –positivo y/o negativo– tanto para la institución como para la sociedad. De allí que el conocimiento sobre lo que es necesario transformar, hacia dónde orientar los cambios, el modo de hacerlo y con qué se cuenta para lograrlo, son reflexiones necesarias para llevar a cabo un proceso de transformación.

La evaluación es un mecanismo administrativo que posibilita recabar información sistemática y confiable necesaria para la toma de decisiones, por lo que debe estar presente en todo proceso de autotransformación universitaria que se plantee el logro de metas y fines.

Dada la relación dialéctica existente entre la universidad y la sociedad, la evaluación debe ser vista como actividad permanente de la institución que asegure el diagnóstico y mejoramiento continuo; pero además, debe ser diferencial como para que se respeten las particularidades de los procesos que se llevan a cabo en los diferentes sectores académicos-administrativos, por lo debe inscribirse en cada ámbito que conforma la universidad, como en toda ella.

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